jueves, 22 de enero de 2026

No perdamos la brújula del buen ejemplo por Angel Gomera

 No perdamos la brújula del buen ejemplo

En nuestra sociedad se están suscitando unas series de fenómenos o comportamientos inadecuados que rayan en el mal ejemplo o en lo antisocial; los cuales, por su nivel de frecuencia, cada día toman espacios en la colectividad, más allá de las mareas de indignaciones que emanan al momento de sus ocurrencias; pero que lamentablemente al pasar de los días se cubren por el polvo del olvido o la impunidad, dando cabida a que esos desaciertos avancen hacia la normalización, a pesar de ser vicios corrosivos sociales.

Por lo tanto, no podemos perder el asombro ante el hecho de que supuestos artistas urbanos o ¨creadores de contenidos¨ profanen un centro educativo con la producción y grabación de un video cargado de vulgaridades extremas, y que todo se quede en una alarma o reacción momentánea, sin aplicar los frenos correspondientes, a través de sanciones ejemplarizadoras.  

Igualmente, no podemos permitir que se haga una costumbre, el que se mancille con ligereza nuestros símbolos patrios, centros culturales o religiosos; y que esos actos bochornosos, se pretendan resolver con una simple excusa pública; acciones incorrectas estas, que las provocan adrede, con la finalidad de ganar views o ser influencers.

De igual manera, no podemos seguir validando las violaciones agresivas a la norma de tránsito; donde por ejemplo ciudadanos conductores de motocicletas o ciertos ¨guagüeros¨, gozan de una privilegiada ¨inmunidad diplomática¨ vial o en el tránsito; ya que por más infracciones que cometan, algo impide que sean procesados penalmente por las autoridades competentes. Solo basta detenerse a observar en un semáforo y lo que sucede ahí en términos de conductas impropias, ya ni ruboriza ni mucho menos llama la atención ante el deber ser.

La corrupción se sustenta en la tolerancia social y se va nutriendo de esos pequeños actos indelicados, que por ser supuestamente imperceptibles ante el daño que generan, se van dejando pasar poco a poco, fruto de la indiferencia, al no detenerlo a tiempo, crecen y se reproducen como una avalancha bajo el influjo de la impunidad; creando destrozos considerables e incalculables al tejido social.

Asimismo, como sociedad no podemos aprobar que el ciudadano vea la corrupción como una oportunidad o un medio ¨legitimo¨ para alcanzar fines de éxitos y lucros; llegar a entender eso, es como creer que en el infierno estamos salvos y seguros. En ese orden el escritor, filósofo y periodista británico Gilbert Keith Chesterton apunta que "para corromper a un individuo basta con enseñarle a llamar ¨derechos¨ a sus anhelos personales y ¨abusos¨ a los derechos de los demás".

Permitir que roben para luego asumir a esos personajes como notables y honorables, es asumir que junto a ellos hemos perdido la brújula de la conciencia moral. Lo anormal debe evitarse ver como algo normal, porque de sistematizarse la corrupción es caer en total caos.  El filósofo griego Demócrito de Abdera, siguiendo la línea de lo anterior, expresó que ¨todo está perdido cuando los malos sirven de ejemplo y los buenos de mofa¨.

Ante esas realidades negativas, es nuestro deber no actuar en piloto automático como si fuésemos robots; es necesario volver a encontrar la brújula interna que nos muestre el camino del buen ejemplo. Entender que si esa brújula moral está deteriorada, extraviada, adormecida y nublada por la oscuridad; el ser humano estaría dominado por los vicios y expuesto al naufragio de su vida y las vidas de aquellos que le rodean.

De tal modo, que urge realizar una parada, cuestionarnos y generar los cambios proactivos que transformen e inspiren el establecimiento de la cultura del buen ejemplo. Definitivamente como asienta el reconocido escritor y clérigo inglés Thomas Fuller que ¨una buena vida es el mejor ejemplo¨. Y los buenos ejemplos fortalecen a la sociedad.

 

ANGEL GOMERA 

Abogado

Santo Domingo de Guzmán

angelgomera@gmail.com


Un 20 de octubre hace 20 años por Angel Gomera

 Un 20 de octubre hace 20 años

Todos tenemos en la vida momentos únicos, especiales e inmensamente llenos de tan gratos recuerdos que el rememorarse es como volver a vivir. Son aquellos episodios que siempre se deslumbran en el alba del valle de la reminiscencia placentera. Son aquellos instantes que hacen de cualquier otoño una eterna primavera, en donde cada hoja al caer se convierte en pétalos, que cubren el camino de la vida con la alfombra de las ilusiones.

Son aquellas fechas que siempre traen suspiros imperecederos. Por eso cuando en el tren de la vida nos corresponde vivir día cómo lo antes expuesto; lo celebramos y disfrutamos con tanta plenitud que regocija cada rincón del alma.

En el contexto de este sentir, pongo de manifiesto lo que en mi vida aconteció un hoy 20 de octubre hace veinte (20) años; amaneció con cierto toque de magnificencia; increíblemente el sol estaba vestido con un esmoquin resplandeciente; las aves entonaban trinos de amor y danzaban con saltos sincronizados de rama en rama, dándole un toque de estelaridad a esa mañana.

En el amplio cielo se divisaban las nubes que agarradas de las manos formaban la figura de un enorme corazón; pero a pesar de todas esas manifestaciones de connivencia de la creación, no puedo dejar de reconocer, que brisas ligeras de nervios abatían con cierta sutileza de ansiedad mi quietud.

Por un lado, me sudaban las manos, me temblaban las piernas, mis pulsaciones parecían el repicar de tambores en medio del silencio, la casa en donde me encontraba se convirtió en una pista de atletismo, caminando de aquí para allá y allá para acá, pero mientras eso ocurría se agiganta la beatitud en el horizonte de mi existir.

Y así como avanzaba el día 20 de octubre, para llegar al momento pautado y esperado; mi ser estaba siendo invadido por maripositas invisibles con una multiplicidad asombrosa de colores de alegría y felicidad.

Entonces llegó la hora, en donde el mismo Dios, con una vestidura de luz, nos recibía en el altar con una sonrisa tan universal, acogedora y tan llena de complicidad, y lo más hermoso fue verlo aplaudir con tanta emoción divina, porque ante su presencia estábamos dos seres que fruto de su infinito amor y misericordia habíamos decidido unir nuestras vidas para toda la vida sujeto a su bendición y designio.

Fue ese 20 de octubre que Dios me otorgó el más bello de los regalos, una rosa de belleza inigualable con dulce aroma de dicha, bienaventuranza y amor: ROSALIS.  Día éste que se celebra una historia de amor de 20 años de unión matrimonial, el cual simboliza la belleza, resistencia, perseverancia y el refugio de un matrimonio que ha durado dos décadas con Dios en el centro. 

Veinte (20) años que simboliza dos seres decididos a amarse para toda la vida más allá de las mareas de la vida; amarse a pesar de ser dos corazones imperfectos; pero dispuestos a avanzar entre desafíos y retos con firmeza e ilusión en la búsqueda de la felicidad eterna. Es que caminar contigo Rosalis en el sendero del amor es siempre esperanzador y excelso.

Tú has sido y serás la decisión más acertada de mi vida; eres música que envuelve mi alma; eres la poesía de mis anhelos, eres las olas que bañan las playas de mi eterno amor, eres la danza que baila mi corazón; eres la única canción más sonada en la emisora de mi ser; eres ternura, razón y felicidad, eres mi complemento y mi bendición.

Celebrando estos 20 años, elevo mi gratitud perpetua al compás de oraciones y alabanzas a nuestro Dios Padre Celestial, por coronarme con tan hermosa musa que inspira mi caminar. Aprovecho con su gracia santa renovar esta unión para que nunca le falte el vino milagroso de las bodas en Caná de Galilea y que permanezcamos más allá de los desafíos y retos de la vida: Juntos y muy felices.

Le pido Jesús, nuestro Hermano Mayor, que me permita amarte todos los días de mi existir sin feriados ni puentes; solo amarte hasta el punto de que el propio infinito le quede corto.

¡Feliz 20 Aniversario de unión matrimonial!

¡Te amo y te amaré por siempre!

Ángel Gomera


La deforestación, crónica de una muerte anunciada por Angel Gomera

 La deforestación, crónica de una muerte anunciada

La deforestación continúa ganando terreno en los montes y llanuras de nuestra amada República Dominicana, a simple vista se puede observar como las cordilleras: Central, Septentrional, Oriental, y las sierras como Bahoruco y Neiba, entre otras áreas; exhiben zonas con una calvicie preocupante y peligrosa, fruto de un proceso negativo, sistemático, complejo y multifactorial, que más allá de la tala y la quema de árboles, está transformando poco a poco nuestros ecosistemas exuberantes en paisajes pelados, devastados y degradantes.

Basta observar los últimos datos del Inventario Nacional Forestal (INF-RD 2021), el cual plantea que apenas el 37.7% del territorio nacional está cubierto por bosques estrictos, cifra que asciende a 42.8% si se incluyen los sistemas agroforestales como café y cacao bajo sombra.

Por lo que desde el 2001 hasta el 2024 según informes internacionales, se han perdido en el país 390 kilómetros cuadrados de cubierta forestal primaria, lo que equivale a una disminución del 15% desde el 2000; lo que, a juicio de los expertos, esta agresiva deforestación amenaza la calidad del agua, el aire y la seguridad alimentaria del pueblo dominicano.

A propósito de ese escenario expuesto, Mahatma Gandhi, expresa que ¨Lo que estamos haciendo a los bosques del mundo es un espejo de lo que nos hacemos a nosotros mismos y a los otros. Esta frase nos debe mover a reflexionar que dañar la naturaleza es dañarnos a nosotros mismos y a la hermosa Quisqueya. Pero, a su vez esta cita representa un llamado a evitar a tiempo la crisis ambiental y cambiar nuestra relación con el medio ambiente y los recursos naturales. En el entendido de que una sociedad se define no solo por lo que crea, sino por lo que se niega a destruir.

De ahí es que, como indica el documento Laudato Si, la encíclica del Papa Francisco: “No podremos afrontar la degradación ambiental, si no prestamos atención a causas que tienen que ver con la degradación humana y social”.

La deforestación, ¨crónica de una muerte anunciada¨ es una metáfora interesante que compara la destrucción progresiva y tenaz de los bosques en todo el territorio nacional con la novela de García Márquez, donde todos sabían del crimen de Santiago Nazar, pero nadie actuó. Toda una comunidad entera puede ser responsable de una tragedia, no por cometer el acto directamente, sino por no hacer nada para impedirlo. Tenemos una deforestación que es previsible pero que puede ser inevitable debido a las acciones y omisiones de la ciudadanía.

La novela de Gabriel García Márquez, también en el caso que ocupa, nos alerta ante la posible pasividad del pueblo: esta inacción no es casual, es producto de una sociedad acostumbrada a ir normalizando los vicios y males. Dado que cada persona asume que “otro” se encargará o que “no es asunto suyo”. La cultura de la pasividad o desinterés transmite una idea de deterioro, descuido y despreocupación que puede llevar a crear un sentimiento de ausencia de ley o la libertad de dejar pasar y dejar hacer. La pérdida de la cobertura boscosa nacional es un descuido de todos.

La deforestación es un proceso paulatino pero seguro hacia una catástrofe ambiental (ver realidad haitiana); afectando severamente el clima, la biodiversidad y la supervivencia humana, y que, a pesar de conocer sus causas y consecuencias (tala ilegal, quema, minería, ganadería, agricultura irregular), seguimos fallando en prevenirla y detenerla.

Ante el flagelo de la deforestación, la novela crónica de una muerte anunciada nos lleva a reflejar en ese contexto metafórico, la actitud de una sociedad cuando se hace conformista y cómplice indicando en la forma en que los ciudadanos aceptan los comportamientos inadecuados y violaciones irreparables que suceden en contra del medio ambiente sin cuestionarlo y actuar en consonancia. Las personas conformistas piensan: “Así son las cosas”, y esa mentalidad permite que la tragedia ambiental ocurra.        

Pero, como la esperanza no defrauda; el filósofo y psicólogo estadounidense William James, nos alienta con la siguiente frase: ¨Si estás lo suficientemente preocupado por un resultado, posiblemente harás algo para solucionarlo¨. En ese orden, contener la deforestación requiere un esfuerzo estatal concertado de todas las fuerzas vivas para cambiar esos modelos insostenibles y depredadores que están llevando a nuestra cobertura boscosa a un punto de no retorno.

Aún podemos apoyar y participar en cuantas acciones sean necesarias para garantizar la permanencia de nuestros recursos naturales para uso y disfrute de las presentes generaciones. Pasemos de las ideas o intenciones a la ejecución de prácticas que produzcan un impacto significativo en la recuperación del verde en nuestras montañas.

 

ANGEL GOMERA

Abogado

Santo Domingo de Guzmán

angelgomera@gmail.com

 

Regalos que influyen por Angel Gomera

 Regalos que influyen

La sociedad actual nos ha venido subyugando al consumo de cosas que atan y nublan; hasta el punto de que, en muchas ocasiones llegamos a poner nuestra felicidad en lo puramente material. Entendemos que solo satisfaciendo las necesidades materiales o regalando cosas es que se puede llegar a ser feliz o hacer feliz a otros.

En estos días envueltos en luces, ruidos, prisas y el cierre de gastos navideños, son ejemplos latentes de ese vivir superficial que deslumbra y desvela un modelo basado en la generación de necesidades compulsivas y caprichosas que permiten un sobreconsumo desbordado que solo satisface y deleita los sentidos de manera fugaz. Ese tipo de vida banal nos convierte en incapaces de reconocer que existen bellezas, instantes, verdades y regocijos mucho más profundos que todo aquello a lo que a diario corremos detrás en búsqueda de placer o tener.

Por tanto, es oportuno aprovechar la tradición de la Epifanía del Señor para ir más allá de la simple entrega de regalos materiales. Estamos conscientes de las expectativas que se da en nuestro derredor de poder recibir obsequios, no estamos insinuando que sea algo malo celebrarlo; ni tampoco pretendemos que este escrito sea una mera apología contra del despilfarro y el consumismo, con la intención expresa de deslucir los Reyes Magos.

No intentamos privarte de brindar regalos, pues se entiende que culturalmente es una forma de expresar aprecio por los demás. Esa no es la idea. Aunque tampoco podemos obviar que en la sociedad de hoy se enseña a los individuos a ser consumistas prácticamente desde que nacen, dado que se quiere asociar el afecto con mercancías, a que los corazones estén excesivamente ligados a las cosas que, a la dignidad de la persona, a pretender que un obsequio costoso sustituya una carencia emocional, o simplemente a devorar productos sin llegar a disfrutar de ellos,  

Lo que sí procuramos, es que, al momento de regalar, estemos conscientes de que esas cosas se recibirán y pasarán como un suspiro; y que nuestro empeño no solamente debemos supeditar todo al consumo de lo material, ya que, en la mayoría de los casos, esas mercancías no dejarán huellas duraderas. Entender que la verdadera satisfacción está en lo trascendente y no en lo efímero.

Los Reyes Magos nos brindan una enseñanza valiosa y oportuna para este ciclo de vida, ya que la magia de esta tradición no solo se limita solo a los obsequios materiales; sino también a la necesidad de mantenernos en actitud de búsqueda hacia lo trascendente, siguiendo la estrella de Belén, la cual nos pone en la actitud de ser peregrinos activos e incansables hasta alcanzar esos tesoros espirituales, más allá de los caminos inciertos, desconocidos, hostiles y oscuros.

Ese viaje imaginario podría ser hacia dentro o fuera de nosotros, y los Reyes Magos nos enseñan precisamente a no tener miedo de cuestionar nuestras certezas y conclusiones, porque un verdadero peregrino sabe aceptar los errores y ponerse en marcha de nuevo. Con ellos se aprende a no rendirnos al cansancio, y seguir caminando. Porque sólo quien busca encuentra, solo quien camina llega a la meta.

Por consiguiente, queremos significar que el verdadero valor del ¨Dia de los Reyes Magos¨ al margen de lo comercial, reside en obsequiar regalos que se puedan perdurar en la bóveda del alma. Aquellos bienes que transforman y embellecen el interior; que nos ayudan a mantener una actitud comprensiva y ser mucho más agradecidos.

Que nos instruyen a respetar a las otras personas, su tiempo y sus puntos de vista; a ser prudentes, bien educados, tolerantes y a tener fe. A también esforzarnos por ser un buen ejemplo, a saber, apreciar la vida; a sentir la alegría de dar y compartir, a gozar de la libertad de ser uno mismo, alejado de las ambiciones desmedidas.

En fin, a iluminar a los demás con gestos de amor, perdón, reconciliación, generosidad, solidaridad y esperanza. Recordemos que no se trata de cuánto demos, sino de cuánto amor ponemos en lo que damos.

 

ANGEL GOMERA 

Abogado

Santo Domingo de Guzmán

angelgomera@gmail.com

Un nuevo amanecer por Angel Gomera

 Un nuevo amanecer

Se experimenta una brisa nostálgica de despedida, aclimatada con la esperanza de la llegada de algo nuevo. Este ambiente que cierne en la atmósfera de nuestra sociedad simboliza, la oportunidad de dejar atrás lo pasado; claro, sin dejar de reconocer aquellos sucesos o comportamientos aciagos que necesariamente debemos superar para cambiar, y empezar de nuevo con optimismo, nuevas metas y mentalidad fresca.

Un próximo Año es un nuevo amanecer, dejando morir esos errores que cubrieron de oscuridad y espanto el horizonte. Es que cuando el año viejo muere en la noche; asimismo debe perecer la opacidad en nuestras vidas con la claridad interior de una renovación alborear. Por tanto, si dejamos que la luz pueda penetrar e iluminar esos rincones lúgubres de la conciencia, entonces tendremos un nuevo amanecer enmarcado en un ideal auténtico que orientará y guiará las acciones y decisiones que dan el verdadero sentido a la vida.

Definitivamente, está a punto de empezar, de darnos el chance de estrenar un calendario en blanco, hay música en el amplio firmamento revestido de estrellas, suenan las campanas celestes con rimas de alegría; los mares y océanos entonan ópera con sus olas espumosas y las nubes que cubren el Pico Duarte, con parsimonia y mansedumbre, comienzan a cerrar el ciclo de un ayer y abrirse a nuevos vientos de porvenires relucientes.

En estos instantes fugaces del fin de un año, solemos acometer el deseo de repasar las cosas que hemos llevado a cabo durante su transcurso; nuestros éxitos y fracasos, lágrimas y risas, caídas y levantadas, lo bueno y lo malo; en fin, la suma de experiencias vividas, esfuerzos anteriores, decisiones tomadas y afectos o desafectos cultivados. Pero, aquí estamos con la cara frente al sol, dispuestos a volver a sonreír más allá de la adversidad; con las cicatrices convertidas en enseñanzas; los tropiezos en pasos firmes, ya que es mejor cojear por el camino correcto, que correr por uno equivocado; las pesadillas convertidas en sueños edificantes, y los vendavales fuertes en dóciles amaneceres de quietud mágica.

Sí aquí estamos, a lo mejor con una copa de vino o un celular en mano, envueltos en aromas deliciosas o pensando en la comida que no está en la despensa, con voces por doquier o en la soledad del hogar con la compañía de un televisor; tal vez, cubiertos con luces coloridas o sin energía eléctrica, con sonidos amenos o estridentes; quizás, chateando sin apartar por un segundo la mirada en la pantalla, a pesar de tener al lado un rostro que hace tiempo no te detienes a observar;

Independientemente de estos y otros escenarios imaginarios, lo importante es que esos instantes de despedida del año, se cuela con libertad en los pensamientos y pasa como un carrusel delante de nuestros ojos, esas metas, propósitos o promesas de mejoras que debemos conquistar o poner más empeño para lograr. Entendiendo que cada amanecer representa una oportunidad para meditar, planificar, renovar, mejorar y avanzar un paso más como peregrino de esperanza con la bendición de Dios.

En definitiva, el Año Nuevo, es una nueva mañana que nos invita a recordar que por más oscura que es la noche, la luz siempre regresa; entender, que no importando las veces cuanto hayamos caído, siempre podemos levantarnos con una nueva perspectiva hacia el futuro; comprender, que es tiempo de soltar el peso del pasado, demasiado equipaje, nos detiene la marcha, sigamos adelante con más determinación. Es tiempo de marcar la diferencia y no ser como un barco sin brújula, que navega, pero sin rumbo. El norte del nuevo ciclo que se abre es servir más, amar más, dialogar más, perdonar más y compartir con el mundo esperanza, paz y reconciliación.

¨Si puedes, entiende; si no puedes, cree. ¨Feliz Año Nuevo. Salud.

ANGEL GOMERA 

Abogado

Santo Domingo de Guzmán

angelgomera@gmail.com


Un tiempo para alojar y desalojar por Angel Gomera

Un tiempo para alojar y desalojar

La navidad es un tiempo de expectativas y esperanzas; una oportunidad para reajustar las emociones y tomar la decisión valiente de enriquecer o empobrecer tu existencia; es también una época para alojar o desalojar cosas de la posada interior, si así te lo propones.

Por tanto, esta temporada trae consigo una serie de efectos en nuestras vidas que pueden ser tanto positivos como negativos, que van más allá de las luces brillantes de colores, de las casas bien decoradas, de encuentros familiares, de muchos gastos, endeudamientos, de ruidos y felicitaciones por doquier, de calles entaponadas y degustaciones culinarias.

Es que la navidad posee un potencial dual interesante; por ser un catalizador impresionante y mágico para el cambio positivo, la innovación y el crecimiento, impulsando la superación personal y la mejora continua desde la profundidad del alma. Sin embargo, también dependiendo de cómo se asuma o decida vivir esta época, puede conllevar el riesgo de generar discordia, sufrimiento o lamentaciones, si no se maneja con prudencia, humildad y una perspectiva constructiva hacia la supremacía del bien.

Cabe preguntarnos ¿Qué debemos desalojar de nuestras vidas en esta navidad?  

Existen personas que se sienten hundidas y pérdidas en un laberinto existencial y no encuentran soluciones a sus problemas. Viven atrapadas en un mundo de apariencias y se dejan cautivar por la corriente del consumismo y la inmediatez: el aquí, el ahora, lo fácil y el camino más corto o buscar atajos para llegar a un fin. Entienden que la avaricia por el poder y el afán desmedido por el dinero es el camino; pero resulta ser la desgracia.

Asimismo, están dispuestos a cualquier cosa y ser protagonistas de cualquier escándalo con tal de ser influencers o tener un poco de fama, de likes o ser ¨popular¨. Esa búsqueda afanosa y desmedida lo explica muy bien San Juan Enrique Newman, cuando se refiere a un ídolo con tanta vigencia en este tiempo: ¨la notoriedad, el hecho de ser reconocido y de hacer ruido en el mundo; el cual ha llegado a ser considerada como un bien en sí mismo, un bien soberano, un objeto de verdadera veneración¨.

Y esto dicho con anterioridad, impulsa a caer en el juego de la posfelicidad, una mutación de la verdadera felicidad. El problema es que esta nueva concepción de la posfelicidad, como muy bien lo explica José Carlos Ruiz en su libro ¨Incompletos. Filosofía para un pensamiento elegante¨, condena a la persona a la búsqueda constante de una felicidad que nunca podrá darse en la individualidad narcisista - hedonista de quien se siente desligado de todo deber, y a la vez depende patológicamente de la opinión de los demás. Porque la posfelicidad no permite una evaluación en manos del propio sujeto, sino que necesita ser reconocida por la comunidad.

Para no divagar, respondiendo a la pregunta, para poder desalojar hay que combatir con todos esos sentimientos o comportamientos contrarios al verdadero sentido de la navidad, como el desaliento, el resentimiento, la depresión, el miedo, las dudas, el pesimismo, el desánimo, entre otros; los cuales son tristes peregrinos que merodean y buscan hospedaje en nuestra casa interior; queriendo demostrar que la felicidad no existe.

Aquí la conclusión que debemos arribar en esta navidad es trabajar el ¨yo¨. Ese ¨yo¨ que ve a los demás como planetas dando vueltas en torno a sí. Como decía un sociólogo, todo lo que rodea a ese individuo es como si fueran prótesis. Vale en tanto en cuanto le ayuda. Cuando eso que le rodea no ayuda ni favorece el bienestar del “yo”, sencillamente lo tira. 

Por tanto, está en cada uno de nosotros aprovechar esta época para reflexionar y así poder identificar en lo particular esas cosas negativas que debemos sacar de nuestro diario vivir; que este proceso sea realizado desde la honestidad y no desde la imposición.  Si eso que estás haciendo no resulta en beneficio directo y tangible de la calidad de tus relaciones con los demás; si esto lo haces solo para sentirte bien tú, eso no es correcto. Es tiempo de desalojar esa actitud.

Es bueno hacer una parada por un momento, es oportuno abrir espacio para ti y tu familia, los problemas no se van a ir, las preocupaciones allí seguirán, pero por lo menos si te decides, recargarás fuerzas para seguir adelante como peregrino de esperanza. Hay que recordar que “La esperanza no defrauda”: no se trata de “no hacer nada”, es de ponerse en camino. Es tensión entre lo ya experimentado y lo que falta por recorrer.

¿Y qué debemos alojar en nuestras vidas en esta navidad? 

Para responder a esa pregunta, necesariamente debemos situarnos primero en el siguiente texto bíblico: “Y mientras estaban allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada.” (Lc 2,6-7)

Impresionante leer como San Lucas describe el nacimiento de Jesús; nos mueve a imaginar cada situación o escena que nos pudieran completar los hechos en perspectiva: el trajín del viaje, el sudor atiborrando los poros por tan larga travesía, el polvo del camino, el paso de una mujer embarazada, un peregrinaje muy agotador y para el colmo no encontrar alojamiento para descansar.

 

Figurar como crecía en ese momento la incertidumbre, la angustia con cada portazo que recibían en Belén; ver en José y María el cansancio agarrado de la mano con la perturbación que se acrecentaba en cada instante; y entonces tuvieron que irse a un establo; aquí cabe suponer el silencio de las últimas escenas del parto, el aroma no agradable de aquel lugar; sin embargo, el rey del universo nace entre los animales, porque en el pueblo de Belén, no hubo espacio para Él. Aún así, aquel lugar da acogida a la esperanza que no muere; se vistió de hermosura divina y de grandeza en la humildad.

 

Si regresamos a este tiempo, al ahora, al aquí, luego de realizar ese ejercicio imaginativo; creemos que la respuesta de que debemos alojar o quien debemos alojar en nuestras vidas en esta navidad, está a nuestro alcance: Jesús, el que le da el verdadero sentido a la navidad. Solo basta en convertirnos en pesebres vacíos puramente necesitados de darle a Él alojamiento y así se nos instale dentro y llene nuestras carencias. Si Cristo nace en nuestros corazones; entonces nuestras vidas, tendrá un nuevo comienzo. Hay que recordar que Él no despreció un establo ni un pesebre, tampoco va a despreciar nuestros corazones.

 

San Agustín nos comparte una frase oportuna para alojar al Niño Jesús: "Debes vaciarte de aquello con lo que estás lleno, para que puedas ser llenado de aquello de lo que estás vacío". A veces nos llenamos de tanto y lo más importante se queda fuera. Navidad es tiempo para abrir espacio para lo más importante y tiene mucho que ver con aprender a estar y vivir juntos en la solidaridad, abnegación y la participación en causas mayores más allá de nuestro mundillo egoísta.

 

Para alojar el amor y la plenitud de Dios, primero debemos despojarnos de las cosas banales y vacías que nos convierten en vertederos acumuladores o zombies vivientes y así abrir espacio para que Dios llene nuestro corazón inquieto con su verdadera alegría, gracia y propósito.

 

ANGEL GOMERA 

Abogado

Santo Domingo de Guzmán

angelgomera@gmail.com