jueves, 12 de junio de 2025

Trozos que migran del Sahara al Caribe, por Angel Gomera

 


Trozos que migran del Sahara al Caribe 

Se acerca una enorme nube peregrina desde el Sahara, condimentada de polvo, calor y cristales de arena. Viene acompañada de tambores africanos, de rugidos suaves y salvajes, ocasionada por ese viento osado que besó aquellos médanos ardientes, levantando en ese toque pasional una tolvanera de versos y sueños; los cuales fueron capturados in fraganti por un safari aventurero en un oasis tropical desértico. 

Llegó con altivez a la bella Quisqueya flanqueada inexplicablemente por sargazos traviesos; ella pretendiendo cubrir con su manto gris de espanto, el divino encanto del cielo celeste; ellos, los sargazos marinos insistiendo en marchitar con mareas pardas y olores pútridos, el atractivo de esas playas idílicas, de arenas blancas, vistosas, alineadas y cortejadas por palmeras coquetonas.

Al encontrarse el viento del trópico caribeño con aquella espesa nube viajera, estornuda polvo sahariano desde sus fosas invadidas y angustiadas. A su vez intenta extender su canto sostenido hasta el horizonte infinito, pero esa polvareda cenicienta le impide alcanzar notas altas con libertad, fortaleza y espíritu antillano. Insiste en volar con intrepidez e independencia, pero no puede realizarlo como lo hacía días anteriores, porque sus alas están entumecidas por esa calima pirata y conquistadora cargada de minerales volátiles que le aprisiona como si fuese una camisa de fuerza.

Mientras le aconteció esa experiencia al viento; el mar que baña el malecón de Santo Domingo está inquieto, al ver que sus olas añil y espumosa naufragan aparatosamente sin acordes musicales en las amadas costas caribeñas; todo por estar invisibilizadas por un ambiente grisáceo y húmedo en apariencia, fruto de una masa de aire sahariana que arribó sin tener visa de entrada.

Ese mismo mar soñaba que, al venir el alba, se iba a encontrar como aquellos días, con una sonrisa apacible que se descubre en la vastedad del sentimiento, pero su sueño se esfumó con profunda nostalgia al llegar con la brevedad del tiempo el crepúsculo de una historia que no se contó. Realmente hoy sus ojos inmensos y profundos no pudieron contemplar el sol como ayer, por la irritación en sus pupilas vírgenes.

Y volvió a despertar el sol con destellos opacos y somnolientos, embargado por la sudoración excesiva que le genera competir con esa densa polvareda que viene del páramo de un sufrido continente, que cuando grita forja remolino tumultuoso de arenas de dolor y diamantes. Definitivamente, el Sahara se mece en el viento de mis versos escondidos, se agita en mis pensamientos metafóricos con una sensación viva de aridez, calor, miel y oasis. Y provoca que el cielo se torne anubarrado sin ánimo de elección; haciéndonos vivir un espejismo de lluvia.

 

ANGEL GOMERA

Abogado

Santo Domingo de Guzmán

angelgomera@gmail.com

Un día no basta para un ambiente sano

 


Un día no basta para un ambiente sano

Pasó el Día Mundial del Medio Ambiente, el cual como todos los años se celebra cada 5 de junio; y este vino como de costumbre, con una agenda cargada de múltiples actividades institucionales, informativas, educativas, sociales, con retóricas por doquier llenas de buenas intenciones y promesas esperanzadoras; claro está, con la insistencia como común denominador, de tomar medidas ante tantos desafíos y alcanzar soluciones que puedan revertir los impactos negativos por las diversas actividades humanas que obran en un desequilibrio extremo y destructivo.

Por lo tanto, este día no debe ser un simple cántaro que resuene por un breve tiempo; tampoco debe ser un mero enunciado con una intención mediática superficial que se esfuma o pierde relevancia. Esta fecha debe ser un propósito que se extienda en las llanuras de la conciencia humana, que ayude a transformar comportamientos y a generar cambios reales que beneficien progresivamente la naturaleza. Es que el fin de este proceso debe ser sólido y continuo, que busque ir más allá de un solo día, porque un día no basta para lograr la plenitud de un ambiente sano.

Por ende, no basta solo el Dia del Medio Ambiente para ser aprovechado en la difusión de flyers, pósters o gráficos en las distintas redes sociales o videos de mensajes ambientales bonitos por parte de personas e instituciones; esto no significa que sea negativo, de ninguna manera; pero estos gestos o acciones no deben ser una vaga parada de atención con efectos virtuales y efímeros, que se lleven pronto al campo del olvido, sin cambios significativos.  

Entender pues, que toda promoción o difusión por esta causa, involucra esfuerzos continuos, firmes, diversos y debe centrarse en comunicar la importancia vital de la sanidad ambiental al tiempo de fomentar acciones para cuidarla y protegerla.

Esta celebración no es solo para embadurnarse con lamentaciones o intenciones huecas, estas no son suficientes para proteger el medio ambiente. Se necesitan medidas concretas enmarcadas en acciones pequeñas y grandes que marquen la diferencia. Este es el momento de actuar para preservar el medio ambiente y los recursos naturales en la República Dominicana.

Esta jornada es una oportunidad para poner el oído siempre en el corazón del medio ambiente y los recursos naturales, escuchar con esmero sus latidos sufrientes; ver que los ríos moribundos nos quieren decir, notar que expresan los bosques cada vez más degradados, percibir que dicen las desprotegidas áreas protegidas, advertir el llanto mortem de las especies endémicas; las cuales se extinguen sin que se aprecie el valor de la biodiversidad; entre otras crudas realidades, que de no atenderse con un abordaje efectivo, tendremos en lo próximo lamentablemente una “Quisqueya agotada y que no lo tendrá todo”.

En consecuencia, este llamado mundial es una oportunidad dichosa en favor al respeto a la vida; ya que cualquier alteración al medio ambiente es una alteración a nuestra propia vida. En ese orden urge reflexionar o examinar de manera individual y colectiva que se ha hecho hasta el momento y si vamos en el camino correcto; para entonces establecer compromisos sinceros y conscientes de lo que empezaremos a realizar para construir una nación con un futuro ambiental más saludable y duradero.

Definitivamente, comprender que si se quiere cambiar esta realidad ambiental con la que no se está satisfecho o que simplemente se piensa que no está bien, entonces se debe pasar a la acción. No se puede dejar para mañana lo que se puede hacer hoy. Es tiempo de elegir ser parte de la solución, no del problema.

 

ANGEL GOMERA 

Abogado

Santo Domingo de Guzmán

angelgomera@gmail.com